sábado, 1 de agosto de 2015

BORNEO

Nuestra experiencia en Borneo nos han causado una impresión muy positiva. Han sido días llenos de sorpresas y emocionantes sensaciones.

Llegamos al puerto de Tanjung Puting, el Parque Nacional con un retraso considerable, así que acompañadas de nuestra simpática guía Titi, tomamos un klotock, una especie de embarcación, restaurante y hotel para atrapar a los que serian nuestros compañeros de viaje durante los próximos días.

Durante algo más de una hora, disfrutamos de un agradable y relajado paseo por el río mientras observabamos la vegetación ade las orillas del río y saludamos a los simpáticos pasajeros de los demás klotocks.

Llegamos a nuestra embarcación, una de más embergadura, ya que debía alojar a 13 personas, y nos sorprendió descubrir que todos los componentes del grupo menos uno eran españoles. La excepción Tania,una australiana que había estado trabajando en un orfanato de elefantes en Tailandia.

La vida por el río fluye ausente de cualquier atisbo de estrés. Mientras nos desplazamos de un campamento a otro, nos explicamos las batallas de nuestros viajes, nos quedamos ensimismados contemplando la vegetación, gritamos excitados como niños cuando vemos algún mono moverse grácilmente entre las ramas de los árboles...

El momento estrella es sin duda, cuando llegamos a uno de los campamentos después de un corto paseo nos acomodamos frente a una plataforma donde los cuidadores dejan decenas de plátanos y leche. No se hacen de rogar, y a los pocos minutos aparece un orangután enorme que devora uno tras otros los plátanos. Tímidamente van apareciendo otros de menor tamaño: una madre con su bebé, un joven... Todos parecen tener respeto al más grande, pero los jóvenes traviesos y juguetones aún se atreven a increparle  e incluso a beber un poco de leche que hasta ahora era monopolio del grandullón.

Los turistas, que han ido llegando escalonadamente (me giro y me doy cuenta de que somos bastantes), toman sus fotos. Intentamos mantenernos en silencio para mo molestar a los animales, aunque son inevitables algunas risas o sonidos de sorpresa. Incluso en un momento determinado el grandullón baja de la plataforma se dirige hacía donde estamos y pasa a escasos 30 cm de nosotros. Momentazo!

La excursión también nos reserva otros momentos emocionantes, como es el de la última noche: Observar las luciérnagas. Paramos en un punto donde observamos decenas de lucecitas parpadeantes. Incluso uno de los guías atrapa una para que la podamos observar de cerca: es un pequeño gusano que cuando lo encerramos en nuestras manos enciende su lucecitas. De nuevo la emoción nos trasporta a la niñez 😀.

Es curioso observar la transformación de nuestro barco-hotel,por las noches. Se retiran las mesas y las sillas, que plegadas se guardan en la proa y en su lugar se colocan unos más que aceptables colchones rodeados de redes antimosquitos: esas son nuestras habitaciones.

Una gran experiencia, un buen inicio...











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