domingo, 9 de agosto de 2015

AMED, BALI

Nuestro paso por Amed nos reservaba algunas sorpresas. Tras el regateo correspondiente con un taxista "de estar por casa" llegamos a nuestro alojamiento, un sencillo bungalow en un homestay. El lugar nos creó cierta incertidumbre previa al leer críticas muy dispares de viajeros, pero finalmente decidimos darle una oportunidad.
Nada más llegar, reafirmamos un hecho limitador que nos ha perseguido durante el viaje: no poder conducir una moto. Aquí todos sin excepción utilizan ese medio de transporte: amas de casas, hombres, jóvenes, colegialas... Todos menos nosotras 😕. Aunque por estos parajes la conducción no parece muy peligrosa, pero no nos parece el mejor lugar para tener nuestra primera experiencia de dos ruedas con motor. Estamos de vacaciones y no queremos sustos😲.
Al principio optamos por caminar los 15-20 minutos que nos separaban hasta el centro y más tarde nos dejamos cuidar por los simpáticos lugareños: Mores, es un simpático guía que conocimos en nuestra primera noche aquí, en el restaurante dónde acabábamos de cenar. Desde su mesa inició una conversación constatando lo aburrido que estaba, y después de cambiar un puñado de frases en la oscuridad de la noche, y en la distancia entre ambas mesas, le invitamos a que se sentará con nosotras. Al rato se apuntó a la conversación  otro lugareño, Annas, y como la conversación fue interesante y agradable, concreamos que a la tarde siguiente nos llevarían con sus  motos a conocer el lugar. 😉
Pero la ocasión no llegó, porque al día siguiente, tuve que visitar a un oftalmólogo por que mi ojo izquierdo volvía a molestarme. La mañana se pasó entre llamadas a hospitales y finalmente concretamos una cita por la tarde. Mores nos llevó a la consulta, donde nos atendió una simpática  y eficiente doctora que me diagnosticó un herpes en la tercera capa de la cornea. Tratamiento de una semana de un sinfín de gotas, pomadas y pastillas.
Pasamos un día más, aunque  decidimos cambiar de homestay, ya que el lugar estaba alejado, poco cuidado, ruidoso y la comida era mediocre. El dueño del lugar no tenía su coche en ese momento con lo cual, no nos podía ofrecer transporte, llamar a un taxi según él no era una opción, y nuestro amigo Mores no se encontraba disponible para enviarnos un taxi. Yo, por mi parte no me encontraba con ánimos de caminar con la mochila por la carretera con mi ojo que todavía me molestaba bastante... vaya panorama, eh? La solución: Amparo fue en busca de homestay y transporte y volvió con dos chicos en moto que nos llevaron, sin casco pero con mochila 😉 a un alojamiento muy digno y con piscina!!! Me sentí tan feliz al verla llegar y escuchar las noticias!
Allí pasamos nuestro último día, pero  conscientes de nuestras limitaciones de movilidad decidimos irnos a las islas Gili, un paraíso de tranquilidad y playas de arenas blancas.
Reportaje fotográfico no tenemos, pero sí una simpática foto con un matrimonio gay americano que durante un par de horas nos amenizaron con sus aventuras viajeras alrededor del mundo: India, África, Indonesia... defendiendo los derechos de los homosexuales. Unos muy buenos conversadores que nos arrancaron muchas carcajadas.


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